domingo, 1 de septiembre de 2013

La reflexión en tu ausencia



Desnuda te alejas de la cama dirigiéndote al baño.

Tendido en la cama te observo. Estás fuertísima – pienso justo antes que cierres la puerta del baño. Como deslizándome en una nube, me acomodo boca arriba, suspiro triunfal y quedo mirando al techo.

Pensando en que pensar, pienso en ti.
¿Qué surge en mi mente cuando pienso en ti? ¿podrías adivinar? Algunas respuestas serían acertadas.

Abro la puerta del balcón, me aproximo a la baranda. Observo hacia abajo. Siete pisos me separan del suelo. Si me caigo no la cuento. Probablemente no la contaría incluso cayendo de un tercer piso. La delicadeza física del ser humano me sorprende, me frustra.

Una paloma se posa por unos segundos al otro lado de la larga baranda. Miro al ave un momento y luego vuela hacia un cable. Ahí se encuentra con otra paloma, se miran vaciamente un momento y a continuación vuela a la ventana del edificio del frente. Lo arbitrario de sus movimientos denota poca inteligencia. Irónico: yo con un cerebro probablemente más grande que la paloma entera tengo que bajar siete pisos, caminar hasta el edificio del frente, tocar el timbre y subir siete pisos para estar donde está ella ahora – pienso. En su falta de inteligencia la paloma pensará, que estúpido humano, ¿por qué no viene por el camino más corto?


No siento vértigo cuando miro hacia abajo. Siento que con un buen impulso puedo caminar por las nubes. Llegué al final de la tierra y ya no me faltaba ningún lugar por donde caminar así que decidí volar – recuerdo haber escrito alguna vez en mi cuaderno.


Parece que de algo me quiero convencer.
Tan complejos y tan limitados. Observo todas las construcciones al rededor, veo autos, alumbrado público. Veo una ciudad, un ambiente antinatural creado por la mente humana. Aún así, envidio a la paloma del frente.                                           

¿Qué pasa, no puedes? – me dice el ave mientras se pavonea abriendo las alas de par a par.
Pajarraco de mierda. La delicadeza del vidrio no es debilidad, es fineza - le grito a la distancia.
A manera de analogía, intento encontrar consuelo para mi estado de humano limitado replicando esa frase.

El viento sopla, el cielo parece alcanzable, siento que puedo volar, sólo tengo que decidirme.

Como un corte en la secuencia, de pronto me encuentro trepado en la baranda sin haberme dado cuenta. Siento la sonrisa en mi rostro.
Abres la puerta, volteo a verte desde la cama...estas fuertísima. Sales del baño y empiezo a volar.
En tu ausencia me cuestiono a fondo, en tu presencia puedo volar.